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Se inició su
construcción a mediados del s. XII, durante el reinado de Alfonso VII.
Hay que resaltar que el edificio fue erigido sobre una antigua iglesia
visigoda. Las obras de la catedral, repletas de dificultades, se
prolongaron hasta finales del s. XIII, de ahí que en su estructura
románica se perciban algunos aspectos protogóticos. Su planta es de cruz
latina con tres naves y crucero.
Han sido numerosos los maestros que han trabajado en la catedral. El primero, conocido como el "maestro de la planta", realizaría la totalidad de la misma basándose en modelos abulenses. Se sabe que las obras de la cabecera y de los pies se iniciaron simultáneamente, por eso las partes más arcaicas del templo son el pórtico y los ábsides. En la última década del siglo XII aparece el artífice que erigió el hermoso cimborrio, conocido popularmente como Torre Del Gallo. Es una magnífica cúpula, con un doble cuerpo de ventanas con torres cilíndricas y una cubierta revestida de escamas. En el siglo XIII, dos maestros (supuestamente Sancho Pérez y Juan Franco) concluirán la estructura principal de la catedral, al terminar las cubiertas y las torres que flanquean el pórtico. El exterior de la catedral, que desprende una sensación de monumental solidez, se caracteriza por sus remodelaciones y sus construcciones adosadas que ciegan la mayor parte de las obras originales. Sólo la cabecera y la Torre del Gallo han conservado su aspecto primitivo. El interior del templo está repleto de tallas de gran calidad y belleza. Se encuentran situadas en las repisas de los pilares y en los capiteles, y presentan un variado programa iconográfico. En la parte meridional de la catedral se halla el claustro, erigido hacia 1170 y casi destruido por el terrible terremoto de Lisboa de 1755. Hoy nos ofrece, tras varias restauraciones, prácticamente su fisonomía originaria. Cuenta con varias capillas de excepcional importancia. La capilla Talavera (utilizada antiguamente como sala capitular), de estilo mozárabe, es una de las piezas arquitectónicas más complejas del templo. La capilla de Santa Bárbara, fundada en 1334 por el obispo Juan Lucero, donde destacan las estatuas yacentes del fundador y de su familia. En ella era elegido anualmente el nuevo Rector de la Universidad. Por último, la Capilla de Santa Catalina, cubierta con bóvedas estrelladas. En ella se celebraron algunos sínodos. También es interesante resaltar la riqueza pictórica de la catedral, con obras de artistas tan afamados como Juan de Flandes, Pedro Bello o Nicolás Florentino. La Capilla de S. Martín o del Aceite, por su parte, ampara una magnífica "exposición" de pintura gótica. Una serie de sepulcros góticos y renacentistas, de talla muy refinada, completan el patrimonio artístico de la catedral. |
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