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CONVENTO DE LAS DUEÑAS

     El edificio del convento de clausura de las Dueñas fue en sus orígenes un palacio mandado construir a finales del siglo XIV, por el Contador Mayor de Castilla don Juan Sánchez de Sevilla, quien al ser de origen andaluz, se llevaría consigo a maestros tambén andaluces para edificar y decorar su vivienda.

   
      La esposa del Contador Mayor de Castilla, dña Juana Rodríguez Maldonado, hizo donación del edificio en 1419, poco después de enviudar, para que en su palacio se establecieran las dueñas dominicas, monjas de la Orden de Predicadores.

     En el Convento de las Dueñas pueden contemplarse las muestras más espectaculares de decoración cerámica del tipo andaluz con prolongaciones en Castilla, que utilizaba preferentemente la técnica del alicatado. Los ejemplos más bellos se encuentras en las guarniciones de tres puertas, de las cueles la más elaborada tiene arco de herradura agudo rebordeado por otro de lóbulo y albanegas de pequeños dibujos geométricos, enmarcadas por un alfiz de entrelazo y todo este conjunto realizado en piezas vidriadas de azulejos de colores, sobre todo en negro y verde.

     Junto con los magníficos alicatados, el convento es conocido por el patio interior, el elemento más espectacular de todo el edificio. Se trata de un patio de planta en forma de pentágono aunque un tanto irregular y una altura de dos pisos, en el inferior se encuentran arcos  escárzanos sobre columnas monolíticas de capiteles platerescos, con medallones en las enjutas de los arcos y levantadas sobre un pretil. El segundo piso es adintelado y en las zapatas, tan próximas que casi pierden su función de dintel, se labraron figuras con rostros muy expresivos, además de exuberantes aves y monstruos. Este segundo piso está recorrido por un precioso entablamento en el que están esculpidos un total de veintisiete medallones, representando una vía veritatis, un camino de salvación.

     En el siglo XVI se llevaron a cabo una serie de remodelaciones sobre el palacio original, así como la construcción de la iglesia y el claustro. En el interior de la iglesia pueden apreciarse techos de bóvedas de nervios cruceros, terceletes y ligaduras y no hay que dejar escapar la contemplación de un original detalle: las claves de las bóvedas están realizadas en cerámica policroma realizadas alrededor de 1560 por Martín Navarro trabajando a las órdenes de Rodrigo Gil de Ontañón.

     La portada de la iglesia, parece ser que trazada por el lego dominico Fray Martín de Santiago, está estructurada en dos cuerpos y resulta sencilla y elegante a la vez. El cuerpo inferior aparece enmarcado por pares de columnas abalaustradas y entrecalles con repisas y doseletes. En el segundo cuerpo se abre una hornacina entre columnillas abalaustradas, junto con medallones y escudos de la virgen, todo ello rematado en venera y puntti, que eran elementos decorativos muy utilizados en la Salamanca de mediados del Siglo XVI.