IGLESIA DEL CONVENTO DE LAS AGUSTINAS  
(LA PURÍSIMA)


   
Entre 1579 y 1593, las monjas agustinas se establecieron a las afueras de la ciudad de Salamanca. Su difícil situación económica y el legado de López de Alvarado las hizo cambiar de lugar en el primer cuarto del siglo XVII. Primero ocuparon el Convento de San Roque y posteriormente se alojaron en el Palacio de Monterrey durante nueve años.
       
    El propietario del palacio era D. Manuel de Fonseca y Zuñiga, conde de Monterrey y Virrey de Nápoles. El Virrey decidió donar esta obra a Salamanca, construyendo como marco la Iglesia de las Agustinas, que habría de ser su panteón familiar y, según la tradición, el lugar de retiro de su hija Inés de Fonseca o de su hermana Inés de Zúñiga.
    
 D. Manuel de fonseca, durante su estancia en Nápoles, entró en contacto con los gustos italianos y cuando inició las obras del convento se trajo de Italia varios artistas. Esto explica que este edificio sea uno de los más claramente italianizados de la arquitectura española del siglo XVII.

     En 1636 se colocará la primer piedra con la que se inicia la primera etapa constructiva que terminará en 1657. Ese año fallecidos los Condes, comienza la segunda etapa que se alargará hasta 1687. Además de arquitectos italianos también intervienen artistas españoles como Gómez de Mora, Setién Güemes y Joaquín de Churrriguera.

     La iglesia de las Angustias es un templo de cruz latina, de una sola y amplia nave que culmina con una gran cúpula octogonal en el crucero. Tiene una interesante fachada de tres parte, con mármoles italianos y piedra arenisca. La portada, obra de Fanzago destaca por la inscripción fundacional y por el escudo de Monterrey. Existen dos capillas laterales y una capilla mayor rectangular. Las cubiertas son de medio cañón.

     El templo de las monjas Agustinas es también llamado popularmente de la Purísima por el cuadro que hallamos en la capilla mayor. Jusepe de Rivera, español, Valenciano, F. 1635 reza la firma de este lienzo de 5,04 por 3,30, obra capital del artista y razón fundamental para visitar la iglesia.

     Otras pinturas sirven también de digno acompañamiento a este cuadro, sito en el retablo mayor. Este retablo, que enmarca perfectamente las obras que guarda posee una gran riqueza a base de incrustaciones de Jaspe. Un tabernáculo rico en decoración y un púlpito con mármoles de diversos colores cierran el conjunto. En los lados de esta capilla mayor encontramos las estatuas orantes de los condes debidas a Finelli y Agardi.

     Otras obras importantes que encontramos en diversos altares del templo son un San Jenaro y un San Agustín, obras también de José de Ribera El Españoleto, así como una Anunciación de los Lanfranco y una Crucifisxión de J. Bassano. No es de extrañar esta gran y elegida concentración artística, dado que el Conde de Monterrey fue uno de los coleccionistas de arte más importantes de su tiempo.