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Plaza Mayor
 

PLAZA MAYOR

     Centro de la vida de Salamanca, es sin duda no solo una de las más monumentales, sino también más hermosas plazas de toda España. Construída sobre el solar que formaba la plaza de San Martín del Mercado, su iniciativa se debió a D. Rodrigo Caballero y LLanes quien, deseoso de rivalizar con las plazas que por aquél entonces se construían en Valladolid o Madrid, presentó el proyecto al Consistorio, que lo aprobó, y el 10 de mayo de 1729 se ponía la primera piedra.

   
     Los trabajos de edificación de la plaza se prolongaron 26 años debido a numerosas interrupciones y problemas, y  en ellos se aprecia la mano de diferentes arquitectos y artistas. El proyecto inicial se debe a Alberto de Churriguera, y siguiendo sus planos se comenzó a edificar la plaza por su lado orientas -donde se halla el llamado Pabellón Real-, que estaba concluído ya en 1734. El abandono de Alberto -que es sustituído por Manuel de Larra Churriguera- y un largo pleito con el Conde de Grajal -propietario de un solar en la plaza- detuvieron los trabajos hasta 1741, cuando se inician las obras de cimentación de la Casa Consistorial. Las obras se habían vuelto a paralizar por nuevos problemas cuando en 1743 aparece el arquitecto Andrés García de Quiñones, quien presenta un proyecto que perjudicaba a muchos menos propietarios, siendo así aceptado y reanudándose las obras en 1750 bajo la dirección de dicho arquitecto -aunque algunas instituciones que edificaban en la plaza tenían el suyo propio- En 1755 y salvo algunos elementos la Plaza estaba en lo sustancial finalizada.

     El esquema es muy semejante al de la Plaza Mayor de Madrid, conformándose como un cuadrilátero de lados desiguales de 80 metros por lado, en cuatro pisos sobre soportales y cerrada al tráfico. La arcada inferior se continúa con tres hileras de balcones enmarcados de pilastras y todo ello coronado por una balaustrada de piedra con agujas. El resultado es un conjunto armónico, aún cuando el número de arcos de cada lado es diferente y las fachadas no se abren siguiendo ejes de simetría.
     Dos edificios merecen la atención dentro del conjunto de la plaza. El Pabellón Real, en el centro del lado oriental, y el Ayuntamiento, en el del lado norte, cuya monumental fachada centraliza la visualización de todo su espacio. Se levanta, como el resto de edificios, sobre un primer cuerpo de soportales de cinco arcos de medio punto -mayores que  los del resto de la plaza-, dos cuerpos con ventanales y balcones corridos adornados con frontones curvos partidos. Remata la fachada una balaustrada de piedra con cuatro estatuas que representan la Astronomía, Ciencia, Agricultura e Industria, que se interrumpe en el centro por una gran espadaña del reloj construida en 1852 con algunas variaciones sobre el modelo de Quiñones, mientras que las dos pequeñas torres octogonales que flanqueaban la fachada y que también se hallaban en el proyecto no se llegaron a construir.

     De estilo barroco, aunque no muy recargado, la ornamentación de la plaza poco tiene de real y si mucho de municipal. Numerosos escultores, herreros y orfebres trabajaron -y todavía lo hacen- en su decoración. Merece destacar entre éstos a Antonio Montero, Gregorio Crucero o José Álvarez, autores de la profusión de escudos, bolas, capiteles, florones, bustos o medallones que decoran la plaza.