IGLESIA DE SAN BENITO

     Entre los muchos repobladores llegados a Salamanca en el siglo XII, los que procedían de tierras galaicas fundaron la parroquia de San Benito, en torno a la cual se gestó uno de los bandos salmantinos que dieron lugar a los sangrientos enfrentamientos del siglo XV. No hay que olvidar que a San Benito ya lo mencionaba el fuero de la ciudad de Salamanca, en el siglo XIII.

   
      En esa época de las guerras de los bandos, concretamente en 1490, la primitiva parroquia románica fue sustituida por una nueva construcción de estilo gótico que fue impulsada a instancias del arzobispo Alonso de Fonseca, interesado en la reforma de la vieja iglesia en la que le habían bautizado.

Para entonces los Maldonado hacía ya dos años que vivían frente al templo y también apoyaron la realización de las obras, lo que habría de permitir a este linaje que, años más  tarde, algunos de sus miembros pudieran ser enterrados en esta iglesia, bajo bellos sepulcros artísticamente muy recomendables.

     Estamos en el rincón, quizá, más delicioso de Salamanca, entre la calle de la Compañía y la Plaza de San Benito, frente a la que sale la antigua calle Cañizal, boca de lobo nocturna, que era la vía de penetración que usaban quienes querían colarse de tapadillo en el barrio chino. Tanto en la calle de la Compañía, una de las más imponentes de la ciudad, como en la Plaza de San Benito, uno parece encajonado en el medioevo, en un escenario cinematográfico. En este cautivador conjunto ambiental uno tiene que detenerse y disfrutar del entorno, antes de admirar la iglesia benedictina. 

     La nueva construcción de San Benito dio lugar a un exterior casi exento de decoración, salvo en la portada y en la parte alta de los contrafuertes, donde se instalaron los escudos con los cinco luceros de las familias Fonseca, Maldonado, Acevedo y Ulloa.

     La portada es de estilo gótico-isabelino. Cubierta por un porche se compone de un sencillo arco acarpanel bellamente moldurado y sobre él una serie de relieves con Dios Padre en lo alto, la escena de la anunciación y los escudos de los Fonseca y los Acevedo.

     Muros un tanto adustos los de San Benito, con contrafuertes y sin huecos. Seguramente no fue ajeno a ello el hecho de que esta parroquia fuera cabecera de las gentes del Bando de San Benito.

     En su interior la iglesia ofrece una sola nave de gran anchura, con bonitos arcos y bóvedas de crucería, en cuyo altar mayor se encuentran los sepulcros de Arias Pérez Maldonado y de su esposa Elvira Hernández Cabeza de Vaca. Hay también otros sepulcros, pero sus tallas no ofrecen la calidad de los citados ni la del Calvario, de 1540, que se atribuye a Diego Siloé y es otra de las obras de interés que contiene el templo. El retablo del altar mayor, de gusto neoclásico, es obra de Isidro Carnicero.

     Durante años esta iglesia permaneció cerrada y en estado casi ruinoso, hasta que fue restaurada junto a los demás edificios de la zona en 1989. Alrededor de este templo se hallan las casas de Solís y Maldonado de Morille, magníficos ejemplos de fachadas platerescas de la primera mitad del siglo XVI