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Iglesia de San Esteban    
 

IGLESIA DE SAN ESTEBAN

     Se trata, sin duda alguna, de una de las joyas más preciadas del estilo plateresco salmantino. Este arte inunda con su riqueza decorativa los edificios de traza gótica que se construyen en la Ciudad Universitaria hasta mediados del siglo XVI.

   

    El plateresco se caracteriza por ser un estilo que se recrea en la ornamentación, en un amplio repertorio decorativo de formas vegetales, animales y geométricas estilizadas y menudas similar a las empleadas por los plateros. Tal tendencia se vio favorecida gracias a la calidad extraordinaria de la piedra salmantina: clara y dorada; muy propicia para la escultura, ya que endurece cuando entra en contacto con el aire.

     El templo se incluye dentro del conjunto del Convento de los Dominicos. Las obras son comenzadas por Juan de Álava en 1524. Juan de Rivero, Pedro Gutiérrez y Juan de Salcedo serán los maestros arquitectos que se sucederán en tales obras, ya que J. de Álava muere en 1537. Bajo el patrocinio de los mecenas Juan Álvarez de Toledo, obispo de Córdoba y Fray Domingo Soto, la iglesia queda concluida definitivamente en 1610.

     El interior sorprende por estar formada por una sola nave con seis capillas profundas y cimborrio. El crucero, de las mismas dimensiones de la nave, resulta por si mismo una verdadera iglesia. La cubierta, además del cimborrio o cúpula, está formada por un conjunto de seis bóvedas apuntadas.

     La capilla mayor ocupa toda la cabeza del templo. En ella se halla un majestuoso  retablo realizado por José de Churriguera en 1693. El propio artista lo definió como la mejor de sus obras, de hecho marcará el estilo churrigueresco de los siglos XVII y XVIII.

     Consta de columnas salomónicas decoradas de frutos, hojas doradas y esculturas agitadas. Cabe destacar las imágenes de Santo Domingo y San Francisco de Asís,, así como el lienzo de San Esteban que Claudio Coello pintó en 1693.

     Otros tres retablos barrocos se sitúan en el crucero. Dos de ellos, con altares dedicados a Santo Domingo y Santo Tomás de Aquino, fueron pintados por Simón Pitti. El tercero, en honor a la Virgen del Rosario, es acompañado por los frescos de Francisco Villamor.

     El coro, a los pies, es una obra muy atrevida para su tiempo. Arranca con un arco rebajado al que le sigue una bóveda ojival casi plana. En el mismo se halla el llamado "fresco de la gloria" de Palomino, que representa el triunfo de la Iglesia por merced de la Orden de los Predicadores.

     A la fachada, verdadera belleza de proporciones, se accede a través de un puente que lleva el escudo de armas de fundador, Fray Domingo Soto. La portada guarnecida bajo un enorme arco de piedra y sostenida en los laterales por grandes pilastras, aparece a modo de retablo dividida en tres cuerpos.

     En el primero destacar las estatuas de los Santos Dominicos colocadas entre las pilastras. El siguiente va presidido por un friso del martirio del santo titular, mientras que en el tercero va un Calvario, escoltado por columnas abalaustradas, entre las cuales se colocan estatuas de santos.

     El remata en forma triangular y espadaña contrastan con el resto de la fachada por su pobreza ornamental reducida a los pináculos y tres escudos.