IGLESIA SANTO TOMÁS DE CANTERBURY

     La ciudad de Salamanca fue escenario en la Edad Media de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. Después de la conquista de Toledo y en el siglo XI, el conde Raimundo de Borgoña, que era yerno del rey Alfonso VI, inicia su repoblación con gentes procedentes de diferentes lugares de la Península Ibérica y también del extranjero, organizándose en barrios separados de castellanos, serranos, portugueses, francos, mozárabes... 

 
   
     La construcción de edificios religiosos se hace necesaria; es el momento en el que se levanta la catedral románica del siglo XII y las iglesias también románicas que se van construyendo en cada uno de esos barrios, y que son las iglesias más antiguas de la ciudad: la de San Martín, la de San Marcos, la de San Julián, la de Santa María de la Vega y la de Santo Tomás de Canterbury o Cantuariense, que en su mayoría sufrieron transformaciones que modificaron su fábrica.

 La iglesia de Santo Tomás fue erigida alrededor de 1175 por dos maestros de obras ingleses, Ricardo y Randulfo, poco después de ser canonizado Tomás Becket, siendo éste el primer templo que se le dedica. Restaurada en este siglo, conserva bastante bien su primitivo aspecto. Se sitúa en la parte sureste de la ciudad, cercana al convento de San Esteban, presentando una estructura de planta de cruz latina, crucero y triple ábside con capillas semicirculares de reducidas dimensiones. A pesar de que el interior perdió su originalidad se conservan las bóvedas de cañón apuntado, los arcos también ligeramente apuntados y las impostas decoradas con motivos geométricos.

     No obstante, lo más destacado del templo de Santo Tomás es el trabajo de labra de capiteles y canecillos en un exterior de buena sillería. Los canecillos de los aleros se decoran a base de temas que incluyen  figuras humanas, animales, vegetales, molduras y rolos. En el muro norte se conserva una portada con arco semicircular doblado y dos pares de columnillas con capiteles vegetales. En la cabecera de triple ábside hay arcos ciegos y ventanas que se adornan con arcos y capiteles decorados con hojas alargadas que rematan en volutas.

     Partiendo de este ejemplo debe mencionarse el interés y la curiosidad que despiertan los signos lapidarios que se repiten en todos o casi todos los edificios románicos de Salamanca, desde la misma catedral vieja hasta este templo de Santo Tomás, que dados los cambios sufridos en su interior no permiten apreciar con claridad unos signos que sí vemos perfectamente en sus muros exteriores, ya sea en los ábsides, en la zona del crucero o en el muro de la nave. Se trata de marcas personales de cada cantero o de un taller. Se repiten las cruces, equis, estrellas y otros signos difíciles de descifrar. Ahí están como símbolos y constancia de una forma gremial de trabajar en la época medieval.