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TORRE DEL GALLO
El cimborrio de la
Catedral Vieja de Salamanca, conocido popularmente como
la Torre del Gallo por la forma de su veleta, es el
elemento más destacado de la obra románica de la
catedral y compite sin complejos con las esbeltas
estructuras arquitectónicas de la Catedral Nueva,
disputándose el reconocimiento popular y el adorno del
cielo castellano.
En una época, la segunda
mitad del s. XII, en donde las formas románicas
comienzan a disolverse, surge en la zona leonesa un
grupo de iglesias de gran originalidad, que destacan por
la utilización de arcos apuntados, bóvedas ojivales,
cúpulas sobre el cimborrio y por la austeridad, o
escasez de motivos decorativos.
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Es el caso de las catedrales de Zamora y Salamanca, y de
la Colegiata de Toro. La catedral de Zamora se comienza en 1151 y está
casi terminada en 1174, las obras en Salamanca son más lentas, se
comienzan en 1152 y se prolongan hasta comienzos del S. XIII. La
semejanza entre ambas y la Colegiata de Toro reside sobre todo en la
particularidad del cimborrio o torre linterna, que se levanta sobre el
crucero modificando lo proyectado en la construcción románica, y
atendiendo a los nuevos elementos constructivos góticos. Los tres
cimborrios están relacionados recíprocamente y responden a influencias
muy complejas.
Se caracterizan, por levantarse
sobre el círculo que generan las pechinas. En el interior, un tambor
cilíndrico de dos pisos de ventanas (en Zamora solo presenta un piso)
sostiene la cúpula gallonada y nervada. Al exterior los nervios son
también visibles, adoptando una forma bulbo la cúpula de Zamora y una
silueta apuntada, más esbelta, la de Salamanca. La redondez de la
cúpula, se contrarresta con cuatro linternones con cubiertas cónicas y
cuatro gabletes muy agudos alternando entre si en las cuatro caras de la
torre. Se acentúa la singularidad de su aspecto al recubrirse el tejado
con escamas de piedra.
El cimborrio de la colegiata de Toro
es posterior, menos original y deriva principalmente del de Salamanca.
Nada sabemos de la autoría de estos tres ejemplos, los cuales, aún
relacionados entre si, deben de corresponder a tres arquitectos
diferentes. Como modelo influyen de una manera, u otra en obras
posteriores de la zona castellano-leonesa.
Sin duda alguna, las relaciones que
se establecen con el extranjero a través del Camino de Santiago no dejan
en ningún momento de filtrar novedades procedentes sobre todo de suelo
francés, que unidas a las influencias del arte hispanomusulmán van a
darnos la clave para poder entender que, primero en Zamora y después en
Salamanca y Toro, se desarrolla una arquitectura de gran
originalidad en los momentos finales del arte románico medieval.
De las torres-linternas vistas, la
que corona la catedral de Zamora es la que presenta un aspecto más
orientas que recuerda a las cúpulas musulmanas o bizantinas y, que por
otra parte, a las bóvedas ojivales francesas (Perigueux). Quizá una
cúpula hispano-musulmana muy orientalizada, hoy desaparecida, haya
influido en la de Zamora. En el caso de Salamanca son más evidentes los
influjos del suroeste francés, de donde toma esos elementos innovadores
que se están desarrollando con el estilo gótico que nace en francia y
que se aprecian en mayor medida en otras partes de la Catedral.
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